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El desahucio de los cielos

Nuevos datos indican que desde 1980 se han perdido en la UE unos 600 millones de aves reproductoras.

Por Ricardo Gamaza

En 1957 Gobierno Chino de Mao Zedong declaró la guerra a los gorriones bajo la premisa de que eran los responsables de diezmar las cosechas. Una catástrofe devastadora que llevó en apenas tres años a la extinción en China de esta especie que se ha adaptado durante años a compartir con el ser humano el extraño ecosistema de cemento y asfalto de las ciudades. Para entonces, las cosechas que se pretendían proteger se habían convertido ya en alimento de las plagas de langosta. Esta y otras especies de insectos se convirtieron en dueños y señores de la China maoísta, mientras que otros parásitos también destrozaban cosechas ante el declive de las poblaciones de gorriones.

Tal fue la magnitud del desastre causado por el exterminio de los gorriones, que se sospecha que años después, y de manera secreta, China tuvo que importar ejemplares de la vecina URSS para reintroducir la misma especie que habían desahuciado de sus cielos.

Hoy en día el gorrión común es una de las especies que experimenta el mayor declive de todas las aves que están desapareciendo paulatina e inexorablemente de los cielos europeos.

Al igual que la China de hace casi un siglo pero por diferentes causas. Europa camina hacia el silencio en el cielo de sus bosques y ciudades. El trino de aves que formaban parte del paisaje sonoro de campos y barrios empezó a enmudecer hace 40 años y sigue una progresión alarmante. Un nuevo estudio sobre las aves reproductoras llevado a cabo en la UE demuestra que se ha perdido una de cada seis aves en un periodo de casi 40 años. En total, se han perdido unos 600 millones de aves reproductoras en la UE desde 1980.

Un equipo de científicos europeos de la RSPB, BirdLife International y la Sociedad Checa de Ornitología ha analizado los datos de 378 de las 445 especies de aves nativas de los países de la UE entre 1980 y 2017. Los desalentadores datos confirman un descenso global de la población de entre el 17% y el 19%, lo que equivale a una pérdida de entre 560 y 620 millones de aves individuales. De hecho, se han perdido unos 900 millones de aves durante ese periodo, aunque esto se contrapone a un aumento de unos 340 millones en determinadas especies. Una gran proporción de estas pérdidas se debe a una disminución muy importante de un pequeño número de especies comunes, y lo mismo ocurre con los aumentos.

El estudio se ha elaborado a partir de los datos del sistema paneuropeo de seguimiento de aves comunes del Consejo Europeo del Censo de Aves y de los informes obligatorios de los Estados miembros de la UE a la Comisión Europea en virtud de la Directiva de Aves de la UE.

Según el estudio, es el gorrión común el más perjudicado. Ha perdido el 50% de su población desde 1980, un total de 247 millones de aves. Su pariente más cercano, el gorrión molinero, también ha perdido 30 millones de ejemplares. Ambos se han visto afectados por los cambios en la política y la gestión agraria, pero en datos globales los gorriones de las ciudades también han disminuido. Las razones de estos descensos urbanos no están claras, pero pueden estar relacionadas con la escasez de alimentos, la propagación de la malaria aviar o los efectos de la contaminación atmosférica.

Cuando se comparan las poblaciones por hábitat, las pérdidas totales más elevadas se observan entre las aves de las tierras de cultivo y los pastizales. Se reconoce ampliamente que los cambios en las prácticas agrícolas son responsables de la precipitada disminución de la fauna silvestre. Como grupo, las aves migratorias de larga distancia, como la curruca sauceda y la lavandera boyera, han disminuido proporcionalmente más que otros grupos, al igual que las aves costeras, como la avefría.

Aunque gran parte del descenso del número de aves se produjo durante los años 80 y 90, en la última década el ritmo se ha reducido. En la UE, la Directiva de Aves y la Directiva de Hábitats proporcionan protección legal a las especies y hábitats prioritarios y han demostrado que benefician a las especies de aves, además de mejorar la protección de los hábitats.

Por ejemplo, siete especies de aves rapaces han aumentado en las últimas décadas gracias a una mayor protección y a la reducción de los pesticidas, así como a la introducción de proyectos de recuperación específicos. Sin la presencia de estas directivas europeas, no cabe duda de que el declive de muchas especies habría sido mucho peor.

Sin embargo, este trabajo respalda investigaciones anteriores que muestran una pérdida sustancial de biodiversidad en los últimos tiempos. El declive de las aves comunes demuestra que todavía es necesario realizar una labor de conservación a mayor escala. Hay una necesidad urgente de conservar las aves asociadas a la agricultura, así como las aves migratorias de larga distancia en sus viajes migratorios.

En España, el conjunto de las poblaciones de aves comunes ligadas a los medios agrícolas (alondras, calandrias, collalbas, perdices, etc.) ha disminuido en un 27% en menos de tres décadas, lo que sitúa a los medios agrícolas en el tipo de hábitat más desfavorable para el mantenimiento de la biodiversidad en nuestro país.

La pérdida de especies comunes es muy preocupante porque implica un daño a los ecosistemas y a su función, y potencialmente a la prestación de servicios ecosistémicos de los que depende la humanidad. El predominio de las especies comunes significa que los cambios en sus poblaciones pueden tener grandes implicaciones para la salud de nuestros ecosistemas. Por contra, desahuciar a las aves de los cielos abre la puerta a plagas y nuevas enfermedades.

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Ricardo Gamaza es periodista y divulgador agroambiental.

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