Sobre FACUA

FACUA: un compromiso ético con los consumidores

Todos tenemos el deber moral de luchar contra los abusos, el fraude, la desigualdad y la pobreza, así como de comprometernos, participar y exigir gobiernos que defiendan a los más vulnerables.

Por Olga Ruiz Legido

"Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo". Eduardo Galeano

El proceso de construcción y consolidación de una sociedad plural y democrática, garantista de los derechos sociales y comprometida con la igualdad, la equidad y la justicia social requiere la implicación del conjunto de la ciudadanía. Una ciudadanía que, en libertad y con espíritu crítico, desde la solidaridad y la responsabilidad, participe y se implique, tanto de forma individual como colectiva, en la vida pública, en la defensa de sus derechos y la consecución del bien común.

Tenemos el deber moral de luchar contra los abusos, el fraude, la desigualdad y la pobreza, y esta tarea nos corresponde a todos. Debemos comprometernos, participar y exigir gobiernos que defiendan a los consumidores, controlen los mercados y no les tiemble el pulso para actuar contra los fraudes que cometen los poderosos. Es necesario que cada uno de nosotros contribuya con su voto a sentar las bases de un modelo económico y social que ponga freno a la desigualdad creciente, impulse y ponga en marcha mecanismos eficaces de protección de los más débiles y vulnerables y acabe con la impunidad vergonzante de los abusadores y defraudadores. Por ello, hoy es más necesario que nunca que la defensa de los consumidores y la lucha contra el fraude se conviertan en una política pública prioritaria en España.

Nuestro poder de decisión y de elección como consumidores, y como parte de una ciudadanía crítica y responsable, no está realmente en el ámbito de los mercados, terreno al que el capitalismo salvaje y el individualismo neoliberal pretende reducirnos. Está en nuestra potencialidad colectiva para legitimar o no decisiones que afectan a nuestro modelo económico y social y al presente y al futuro de nuestros derechos y de nuestro modelo de sociedad.

Necesitamos gobiernos que ofrezcan respuestas contundentes frente a los abusos que sufren los consumidores y que protejan derechos básicos para la vida y el desarrollo humano en condiciones de dignidad. Necesitamos gobiernos que adopten medidas eficaces que garanticen el acceso a bienes y servicios esenciales, que permitan paralizar desahucios y favorezcan el pleno reconocimiento del derecho a una vivienda digna, que frenen los abusos de la banca, de las energéticas, de los buitres inmobiliarios, etc.; pero sobre todo necesitamos una ciudadanía activa que participe e intervenga en el debate y la toma de decisiones sobre aquellas acciones u omisiones que tienen un impacto en nuestro desarrollo como comunidad.

Los consumidores debemos implicarnos en el desarrollo comunitario y contribuir con nuestros actos al bienestar colectivo, y esa participación puede hacerse efectiva en nuestros entornos cotidianos, en nuestros barrios y ciudades, en nuestro proyecto de país y a través de grupos y organizaciones sociales con proyección y capacidad de intervención y cambio.

La participación ciudadana es la columna vertebral de una sociedad democrática y por ello FACUA defiende una ciudadanía comprometida y crítica, que libremente se manifieste, opine y reclame sus derechos y que lo hace en las urnas, en las instituciones, en sus barrios y en la calle.

FACUA entiende la acción consumerista como una acción global, que tiene por objetivo la defensa y protección de los derechos de las personas consumidoras pero que va más allá del marco de las relaciones contractuales de consumo y conecta con una visión general, transversal y plurisectorial, relacionándola con el conjunto de políticas con incidencia en la calidad de vida de la población y con la defensa de principios como la equidad, la igualdad, la solidaridad, la justicia social y la sostenibilidad. Una acción consumerista que exige que la ciudadanía sea tratada con dignidad y respeto, como auténtico sujeto protagonista de la acción política, que interviene y participa en el gobierno de su país.

Un compromiso ético con los consumidores significa trabajar para acabar con el inmovilismo que perpetua las injusticias y contra el ruido atronador de la antipolítica, haciendo de la acción consumerista una realidad más para intentar avanzar en el reconocimiento y consolidación de nuestros derechos y garantías, como consumidores y como ciudadanos, y frenar así los avances de las posiciones más reaccionarias.

Los orígenes de FACUA se sitúan a finales de la década de los 70, en el movimiento vecinal español, un movimiento entonces vertebrado y muy activo, donde la defensa de los derechos de los ciudadanos en su calidad de consumidores empezaba a tener cada vez más importancia por su lucha contra la carestía de la vida y que se acrecentó tras el envenenamiento masivo de consumidores por el consumo de aceite de colza.

El trabajo desarrollado durante años por FACUA nos ha permitido consolidarnos como la organización de consumidores más activa de nuestro país y que cuenta con cientos de miles de personas asociadas. Desde nuestros comienzos, el proyecto consumerista de FACUA ha sido el de una asociación sin ánimo de lucro, de carácter progresista, plural, democrática y participativa, de estructura flexible y sustentada en la afiliación, la independencia frente a gobiernos, poderes públicos, partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales.

Estas señas de identidad han definido y guiado nuestra trayectoria y la actividad en defensa de los derechos e intereses de los consumidores y la han llevado a ser una de las organizaciones de referencia en España y una de las más activas y dinámicas.

En FACUA tenemos un compromiso ético en defensa de los consumidores, bajo unos principios de funcionamiento que tienen como fin garantizar de manera clara y explícita, que FACUA y todas las organizaciones que la integran, sean democráticas en su funcionamiento y defiendan su independencia frente a los intereses económicos del mercado y los intereses políticos de los gobiernos y partidos políticos.

Los consumidores necesitamos organizaciones de consumidores fuertes, que cuenten con el apoyo y el respaldo de los poderes públicos, que actúen de auténtico contrapoder y que contribuyan a vertebrar a la sociedad civil. Se debe garantizar su participación real y efectiva en los organismos e instrumentos de regulación y control, tanto en sus órganos decisorios como consultivos, para equilibrar los intereses representados que hoy están claramente escorados hacia el sector empresarial.

Pongamos en valor el poder de la participación, de las decisiones colectivas, de la empatía y de la solidaridad. Sólo desde la suma de voluntades y compromisos individuales, sólo desde lo colectivo, podremos intentar cambiar el mundo.

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Olga Ruiz Legido es la presidenta de FACUA.

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